—Brando —se arrojó a los brazos del hombre en cuanto lo vió cruzar la puerta de la habitación—. Mi pequeña Luna necesita esa operación. No sé… no sé qué hacer para conseguirlo.
—Tranquila, Julieta —su esposo acarició su cabello con suavidad, mientras ella lloraba en su pecho—. Hablaré con el director de la clínica y con mis contactos en Europa. Si existe un donante compatible en cualquier rincón del mundo, lo encontraremos.
Asintió en silencio, sin poder contener las lágrimas. Sabía perfecta