AARÓN
El nombre de Gary Mercer quedó flotando en la pequeña estancia como una maldición directa. Amelia se soltó de las manos de Martha de un tirón seco y se puso de pie, con los ojos oscuros encendidos por una rabia salvaje que le barrió las lágrimas de la agitación. Caminó dos pasos rápidos, apretando los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron completamente blancos.
—¿Gary Mercer? —soltó Amelia, y su voz ronca peligrosamente baja cortó el aire de la habitación—. Esa maldita ví