AMELIA
No pude pegar el ojo en toda la noche. Las palabras de Aarón seguían dando vueltas en mi mente, abriendo grietas profundas en el muro que me había construido durante siete años. Saber que Martha estaba viva, oculta y bajo su protección, me hacía sentir un hueco en el estómago. A las nueve de la mañana, Aarón ya me esperaba en la sala del ático, sosteniendo las llaves del deportivo. Subimos al auto en un silencio denso. Mis manos no dejaban de temblar sobre mi regazo y de forma instintiva