CAPITULO 43

AMELIA

Abrí los ojos lentamente cuando la luz del sol inundó la habitación. Lo primero que registré no fue la claridad de la mañana, sino el peso cálido y firme que me aprisionaba. Aaron y yo estábamos completamente entrelazados en medio de las sábanas revueltas. Su brazo rodeaba mi cintura con posesividad y una de mis piernas seguía atrapada entre las suyas. El calor que emanaba de su piel desnuda me tocó la memoria de inmediato, trayéndome de golpe cada detalle de la pasión salvaje de la madr
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