AARÓN
El golpe de la puerta al cerrarse a mi espalda todavía resonaba en mis oídos cuando entré a mi propia recámara. Arrojé la toalla sobre la cama y me planté frente al ventanal que miraba hacia el océano, respirando con una agitación salvaje. Tenía la mandíbula tan apretada que sentía un dolor en los dientes.
Volví a revivir el momento exacto en el que abrí los ojos esta mañana. Despertar con su cuerpo completamente entrelazado al mío, sentir la calidez de su pierna atrapada entre las mías y