AARÓN
El avión privado nos dejó en la pista principal y una lancha rápida nos trasladó a la propiedad. El aislamiento era absoluto: una residencia de lujo rodeada de playa privada, sin paparazis, sin empleados invasivos merodeando y sobre todo, sin George cerca para vigilarnos. Sin embargo, en lugar de darme la paz que necesitaba para planear los siguientes movimientos del Grupo, este encierro paradisiaco disparó la tensión a proporciones extremas desde el primer segundo.
Las líneas del contrat