AMELIA
Sostenerle la mirada a Aaron en medio de la playa me costó el último gramo de fuerza que me quedaba en el cuerpo. Cuando él desvió los ojos de mis piernas y caminó hacia las rocas, solté el aire que tenía retenido y apreté los puños hasta enterrar las uñas en las palmas. Estaba lidiando con mi propio infierno en este maldito paraíso, la atracción física por mi esposo era innegable, destructiva y para colmo, las hormonas del embarazo estaban jugando en mi contra, multiplicando mi deseo se