96. El roce
Hield tenía el peso de Hee-sook en sus brazos, y la cercanía de sus cuerpos provocaba un calor extraño que le hacía arder la piel. Su agarre era firme, y podía percibir cada músculo de ella tensado contra él, como si se negara a soltarse. Ella era intimidante en esa posición, pero también sentía un extraño encantamiento, una atracción tan poco convencional como la situación en la que estaba metido. Él, que hasta ahora había sido el más tranquilo y recto de los Dietrich, el que siempre buscaba e