50. El deseo
La fuerza del deseo era intensa. Heinz no apartaba su mirada de ella ni un segundo, incluso cuando se tomaba una breve pausa, sus ojos azules la observaban con intensidad, y en ellos podía ver algo que iba más allá de la atracción física; Había una especie de posesión silenciosa, una determinación que la hacía sentir vulnerable y deseada a la vez. No era solo una obligación por el contrato; este beso, como muchos otros, tenía algo de entrega, de confesión muda, de sentimientos que ninguno de lo