51. Los cuartos
En la mañana cada uno se alistó, desayunó y fueron a la empresa. Heinz salió de su oficina justo cuando el reloj marcaba la hora del almuerzo, y se dirigió a la salida del edificio con paso firme y el rostro imperturbable. Su plan era sencillo: salir, despejarse un poco y, con suerte, aliviar el peso de los pensamientos que lo habían acosado toda la mañana. Sin embargo, justo antes de alcanzar el pasillo que conducía al vestíbulo, algo captó su atención. Era Ha-na, sentada en una de las mesas d