29. El pendiente
Heinz la miró con un gesto astuto apenas perceptible, pero sus ojos estaban llenos de una intensidad calculada. Se levantó con calma y caminó hacia ellas.
—Yo me encargaré a partir de aquí —dijo Heinz con una voz suave y autoritaria.
La gerente se despidió con una inclinación de cabeza y cerró la puerta detrás de ella, dejando a Ha-na sola frente a Heinz. El silencio se instaló entre ellos por unos pocos segundos.
—Así que esta es la sorpresa que me tenías preparada —dijo Ha-na, con una mezcla