26. Estoy loco
Ha-na cerró los ojos, tratando de despejar su mente, pero los pensamientos seguían girando. Heinz no la dejaría en paz, eso estaba claro. Y aunque se había convencido de que lo detestaba, una pequeña parte de ella estaba intrigada por él, por su seguridad, por su obstinación. Pero no lo admitiría. Nunca.
Ha-na se despertó sobresaltada por el ruido constante que provenía de la sala de estar. Los golpes repetidos y rítmicos se hicieron más claros a medida que sus sentidos regresaban a la realidad