27. El ósculo
Al principio fue suave, un contacto delicado, casi una caricia que apenas tocaba la piel. Quería saborear el momento, disfrutar la sensación de tenerla tan cerca, de poder hacer algo que había deseado desde hacía tiempo.
Heinz sintió la suavidad de los labios de Ha-na bajo los suyos, y en ese instante algo en su interior se encendió. El beso comenzó, controlado, pero con cada segundo lento que pasaba, su deseo crecía. Sus labios se movían con más insistencia, más profundidad, intentando transmi