176. Al vestirse
El vapor aún flotaba en el aire, como un testigo etéreo de lo que acababa de suceder. Heinz tomó una toalla, grande y suave, y envolvió a Ha-na con cuidado, como si al cubrir su piel quisiera también protegerla de todo lo que existía más allá de esas paredes. Ella no protestó; sus ojos, oscuros y brillantes, lo observaban con una mezcla de ternura y admiración. No había palabras, pero tampoco hacía falta decir nada.
Él la cargó en brazos con naturalidad, sosteniéndola como si fuera un tesoro fr