147. La prisa
Heinz leyó el mensaje de Ha-na: Estoy en el edificio mirador. Ven.
Ha-na había ido allí y había reservado el lugar con su dinero. No sabía qué hacer. Estaba un estado de shock que no podía controlar. Se mantuvo allí, estática y perdida en sus pensamientos.
Heinz salió de la empresa con un propósito firme, pero su corazón parecía querer adelantarse al tiempo que marcaba el reloj. El mensaje de Ha-na había sido breve, casi frío, pero para él contenía una intensidad que no podía ignorar. Mientras