133. La malvada
Ellos terminaron el almuerzo en el comedor y cuando el grupo se levantó para irse, los susurros en el comedor se intensificaron.
—Ha-na, ¿podrías acompañarme un momento? —preguntó Hee-sook con serenidad.
—Claro —respondió Ha-na, nerviosa. ¿Qué quería?
Las dos se levantaron de la silla y fueron a una un costado del comedor, cerca de la ventana del edificio administrativo. El sol y la ciudad se podían ver con claridad desde el piso en que se encontraban.
—¿Sabes por qué vine de Corea a este país