109. Ellos cuatro
Hee-sook envuelta en una toalla que apenas cubría su figura alta y esbelta. Sus piernas largas y torneadas brillaban con las gotas de agua que aún no se habían secado. Era consciente de su propia belleza, de cómo sus movimientos parecían hipnotizar a cualquiera que la viera. Pero lo que más le intrigaba no era Heinz, su prometido. Era Hield Dietrich.
Sonrió ligeramente, en una curva apenas perceptible en sus labios llenos. Había algo excitante en la idea de tentar al hermano menor, de jugar con