110. La esponja
Heinz, en un impulso, se puso una bata y fue al cuarto de Ha-na. Halló la puerta cerrada y fue al baño. Estaba agitado por la idea de colarse en la habitación de ella.
—¡Ha-na! —dijo él con voz temblorosa.
Ha-na lo escuchó y cada parte de ella tembló. Si estaban cerca, no sabía lo que pasaría. Ya hasta escuchaba la voz de Heinz de forma nítida.
Heinz accedió y vio el cuerpo desnudo de Ha-na a través de los cristales empañados. Estaba de espalda, por lo que la observaba en la retaguardia, el dors