SELENE
El aire en la habitación era denso, impregnado del aroma de la madera quemada en la chimenea y la tensión de la reunión que estábamos teniendo. Alaric, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, escuchaba en silencio mientras Ester hablaba. A su lado, Dámaso asentía de vez en cuando, su expresión estoica, mientras que Dante parecía más entretenido analizando a cada uno de nosotros con esa mirada entre burlona y calculadora que siempre me sacaba de quicio.
Yo quería tener un papel más ac