ELENA
—Todo fue por Selene, Elena, —insistió Liana—. El vino que le dio lo mantenía bajo su control. Alaric no estaba en sus cabales, no podía actuar por voluntad propia. Cada decisión que tomó, cada acto que cometió… todo fue manipulado por ella.
Cerré los ojos —un gesto automático más que necesario, considerando mi ceguera— y apreté los labios. Había algo en sus palabras que quería rechazar, una resistencia obstinada a permitir que esas piezas encajaran en el rompecabezas de mi realidad.
—Y