ALARIC
El aire frío quemaba mis pulmones con cada respiración. El bosque estaba cubierto por una capa de escarcha, y el silencio solo se rompía por el crujir de mis botas sobre el suelo helado.
Me obligaba a mantener el ritmo, a ignorar el frío que intentaba calarse hasta mis huesos. El frío es un enemigo, pero también un maestro. Si podía soportarlo, sería más fuerte, más preparado para lo que el destino me tuviera reservado.
Y después de recibir la invitación de la boda de Elena, algo cambió