Después de irse, Mariah no volvió a casa de inmediato. Con el corazón inquieto, deambuló sola por las calles vacías, dejando que la brisa nocturna enfriara su frustración.
Al observar la calle desierta, un vacío aún más profundo creció dentro de ella. Había creído que Leonardo al menos sentía algo por ella, pero ahora parecía que, aunque hubiera atracción mutua, no iba a llegar a nada. Había demasiadas barreras entre ellos, y solo la regla no escrita de que los artistas no podían tener una rela