Mariah, sin saber si Cassandra había entendido, se acomodó el cabello y dijo con total seriedad:
—Cassandra, no vayas a malinterpretar. Solo quería ayudarte. De verdad no me gustan las chicas.
En ese momento, la embriaguez de Cassandra finalmente la alcanzó; ya apenas escuchaba lo que Mariah decía antes de quedarse dormida, apoyada en ella, con una expresión somnolienta.
Mirándola dormir en sus brazos, Mariah no sabía si reír o llorar. Solo pudo llamar un auto para llevarla a casa.
A la mañana