—Leo, ¿estás realmente bien? —preguntó la asistente con cautela.
El tono de Leonardo se había suavizado.
—Estoy bien. No tienen que preocuparse por mí. Este asunto realmente no me afecta. Podría retirarme de la industria para complacer a esas personas, pero si lo hago, lo haré de manera limpia: nadie podrá manchar mi reputación.
Al escuchar estas palabras firmes, la asistente se sintió tranquila, dándose cuenta de que este era el jefe que conocía.
Esa noche, Leonardo publicó un mensaje en su cu