Aunque el hijo estaba eufórico y no dejaba de hablar de su padre, Justine suspiraba mientras servía el postre. Sus ojos se posaron en el jardinero que cuidaba las hermosas flores del jardín, y la nostalgia le trajo recuerdos de la infancia en Francia. Desde el abandono de Sophia, Justine sentía un vacío y una añoranza difíciles de llenar.
—¿Estás triste, mamá? —El niño acarició su rostro con sus manitas.
—Solo estoy un poco cansada, mi ángel.
Solo en ese momento se dio cuenta de que todo