La noche en los Cotswolds tenía una densidad diferente a la de Londres. No había contaminación lumínica, ni sirenas, ni el zumbido constante de una ciudad que nunca duerme. Solo había oscuridad, viento y el sonido rítmico de la lluvia golpeando contra los muros de piedra de la cabaña.
Dentro, la atmósfera era cálida. Joe y Maxxine habían terminado su cena de sándwiches de queso a la parrilla sentados en la alfombra frente a la chimenea, como dos adolescentes acampando en su propia sala de estar