68. Muertos que aparecen
68. Muertos que aparecen
Milán respiraba una elegancia cansada aquella noche. La ciudad brillaba con luces doradas reflejadas en el pavimento húmedo, como si ocultara algo bajo su belleza perfectamente ensayada. Desde el ático que ocupaban —un lugar anónimo, caro, silencioso—, Freyja observaba el Duomo a lo lejos con una copa intacta en la mano. Llevaban dos meses huyendo, saltando de continente en continente, cambiando nombres, rutas, ritmos. Dos meses desde que Elise dejó de ser solo una doct