69. Confesiones peligrosas
69
El pueblo italiano despierta lento, todos a su ritmo, como si el tiempo aquí tuviera permiso para estirarse. Las campanas suenan sin prisa, los mismos pasos cruzan la plaza cada mañana y nadie mira dos veces una puerta cerrada. Elise observa todo desde la ventana de la cocina, con una taza tibia entre las manos y la otra apoyada sobre su vientre.
Ese gesto ya no es automático. Es consciente. Protector.
Kristian está detrás de ella, preparando el desayuno con una calma casi ceremoniosa, hab