61. Una bala en el pecho
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El monitor emite un pitido largo. Plano.
—No hay pulso —dice la enfermera, con la voz tensa—. Presión en cero.
El mundo se detiene.
Elise alza la vista apenas un segundo. Sus ojos están vidriosos, pero su voz no tiembla.
—Todavía no —dice—. Nadie se mueve.
—Doctora… —empieza el anestesiólogo—. Ha entrado en paro.
—Lo sé —responde Elise, afilada—. Bisturí. Ahora.
El cirujano asistente duda.
—Si seguimos, podemos perderlo definitivamente…
Elise lo mira por encima de la mascarilla. Hay algo fer