60. Que decepción, Maddox
60. Que decepción, Maddox
El motor de la camioneta aún está encendido cuando la voz masculina rompe el aire tenso de la noche.
—Ven conmigo por las buenas, Elise —dice Maddox, saliendo de entre las sombras con una sonrisa torcida—. No tienes por qué hacer esto difícil.
Elise lo mira un segundo. Luego se ríe. No una risa nerviosa, sino limpia, burlona, como si él acabara de contar el chiste más malo del mundo.
—¿De verdad crees que me llaman Reina de Corazones solo porque creé un suero? —incl