—Por favor, perdóneme, señorita Vargas. Me equivoqué, no volverá a pasar.
—¿Y todavía piensas en una próxima vez?
Sofía entrecerró los ojos, impasible ante las súplicas desesperadas de Carmen. No era ninguna ingenua.
«Si no hubiera estado preparada, hoy no habría podido librarme de esta trampa.»
«Y si en mi lugar hubieran culpado a alguna de las nuevas becarias... ¿acaso no le habrían arruinado la vida?»
Al pensar en eso, la mirada de Sofía se endureció.
Carmen negó con insistencia.
—No, no, señ