La sonrisa de Lorena Vargas se desvaneció poco a poco. Volvió a mirar el jarrón que Eduardo le acababa de entregar y su semblante se tornó de confusión.
Y es que Alejandro también le había regalado un jarrón.
¡Idéntico al que le dio Eduardo!
—¿Pero qué significa esto? ¿Los dos regalaron lo mismo? —murmuró alguien entre los invitados—. Se supone que una pieza así, tan antigua, es dificilísima de encontrar. ¿Cómo puede ser que haya dos iguales?
—Yo he oído de ese jarrón, creo que solo existe uno,