Además, permanecer en el hospital no tenía ningún sentido práctico.
Con tantos competidores al acecho, esperando el menor descuido, no podía permitirse el lujo de quedarse de brazos cruzados. Necesitaba estar al tanto de la situación exterior, comprender cada movimiento. Para progresar, no podía quedarse de brazos cruzados.
Cuando Lorena vio que Carlos se marchaba para tramitar el alta, la tensión en su rostro pareció disiparse.
Tumbada en la cama, clavó la mirada en el techo, con la mente ya mu