En apariencia, la familia parecía unida y en paz. Eduardo se mantuvo muy atento a Valeria, sirviéndole sus platillos preferidos. Los señores Vega los molestaban con bromas de vez en cuando y, a ojos de la empleada, todo parecía estar en orden.
«Quizá lo mejor sea fingir que no sé nada de lo que pasó antes», pensó la mujer. «A fin de cuentas, no es asunto mío. Solo tengo que concentrarme en mi trabajo y ya está. Lo demás no tiene importancia».
Con eso en mente, la empleada se puso a trabajar con