Después de todo, era una verdad innegable: nadie más en esa empresa tenía el valor para hacer algo así. Y era precisamente la presencia de Alejandro lo que le infundía esa confianza.
Aprovechando la situación, Mateo se acercó con naturalidad a su lado para hacer las presentaciones.
—Bueno, creo que lo mejor será ir a la oficina. Deberíamos pensar con calma en nuestro siguiente paso, ¿no creen?
Cuando los tres entraron en el área principal, la primera persona que los recibió fue una recepcionist