Isabel ya pensaba cómo iba a poner en su lugar a Sofía.
Mientras tanto, en su oficina, ella se ocupaba de sus asuntos cuando un estornudo la tomó por sorpresa. Una extraña inquietud la invadió. Sentía que algo no andaba bien, como un presagio de que algo malo estaba por ocurrir.
Sacudió la cabeza, intentando despejar esas ideas raras. No quería darle más vueltas a pensamientos absurdos que solo conseguirían arruinarle el día.
En ese momento, su única prioridad era la expansión de los proyectos y