Jimena llevaba quién sabe cuánto tiempo allí parada, murmurando para sí misma:
—No puede ser.
—Voy a recuperar lo que teníamos, esto no puede ser.
—Nosotros dos somos la pareja perfecta.
—Yo te quería muchísimo, ¿por qué? ¿Por qué ahora no puede ser como antes? ¿Qué cambió?
La expresión de Jimena se fue marchitando; la docilidad que mostraba frente a Alejandro se esfumó por completo, transformándola en una figura oscura y resentida.
Mientras tanto, él regresó a su habitación. Al pasar por el cua