Él estaba de espaldas a la puerta, sin saber que Sofía se encontraba afuera, observándolo todo.
Jimena notó la presencia de Sofía por el rabillo del ojo. Un brillo de astucia asomó en su mirada y sus elogios se volvieron más efusivos.
Sofía apretó los puños lentamente y, al final, se marchó sin decir una palabra.
Si se observaba con atención, se podía distinguir la tristeza en su mirada.
Jimena no había dejado de observar de reojo los movimientos de Sofía y, al verla partir, la comisura de sus l