Después de dejar el pudin, la mesera se quedó un momento a charlar pacientemente con Lucía.
Le explicó que no debía comer mucho pudin, que con ese era suficiente por hoy y que la próxima vez podría pedir otro.
Incluso le dijo que, si le había gustado, la próxima vez podrían volver.
Bajo la luz del sol, el delicado perfil de Sofía parecía irradiar luz.
Sobre todo cuando hablaba con Lucía, su rostro se iluminaba con una sonrisa llena de calidez.
Mateo observaba la escena, cautivado. Sin darse cuen