Pero Valeria, al ver que su estratagema no funcionaba, no estaba dispuesta a dejar en paz a Sofía tan fácilmente.
Insistió en seguirla, intentando alcanzar el cierre trasero del vestido de su hermana, mientras susurraba con fingida preocupación:
—Hermana, ven, déjame ayudarte. Te acompaño. Este lugar es enorme, no es seguro que vayas sola.
Con estas palabras, se acercó a Sofía con calculada naturalidad y extendió la mano derecha.
Sofía adivinó sus intenciones y se apartó bruscamente, con un bril