Capítulo veinticuatro. Maestro de natación
Maestro de natación
Paula miró disimuladamente a Arturo, su marido había decidido traer la oficina a la habitación del hospital.
—Si tienes algo que decir, solo dilo —dijo sorprendiendo a Paula.
—¿Cómo sabes… qué?
—Sé qué estás mirándome, Paula —aseguró sin levantar la mirada.
Paula se mordió el labio.
—Entonces, ¿vas a decirlo? —preguntó.
Arturo apartó la mirada de su laptop y presentó real interés a su esposa.
—Pienso que exageras, bien pudiste ir a la oficina, y…
—Te dije que iba a cuidarte