Capítulo setenta y cuatro. Infierno
Infierno
El silencio que le siguió a tal impresionante anuncio, solo era interrumpido por la respiración de los futuros padres, mientras el doctor esperaba a que salieran de su shock inicial.
—¿Embarazada? —preguntó cómo si no pudiese creerlo, como si no hubiesen estado trabajando todos los días para este resultado, porque en ninguno de sus encuentros se habían cuidado para evitarlo.
—Sí, señora Fernández, tiene un embarazo de diez semanas, afortunadamente la herida no necesito de anestesia co