Capítulo sesenta. Son como el día y la noche
Son como el día y la noche
Silencio.
El silencio fue lo único que le siguió a la pregunta de Arturo Montecarlo, si un alfiler hubiese caído al piso en ese momento, él estaba seguro de que habría sido un sonido estrepitoso.
América tembló, cerró los ojos y dejó que sus lágrimas corrieran libremente por su rostro, bajó la mirada incapaz de hablar.
Sin embargo, Arturo ya no quería más silencios en su vida, su familia estaba llena de ellos y ninguno condujo a nada bueno.
—Dime la verdad, América —p