Capítulo ocho. Una pequeña venganza
¡Había firmado! ¡Se había convertido en la esposa del magnate y en la madre de Alejandro! Paula no podía creer que lo había hecho.
«No te dejó ninguna otra jodida elección», pensó la joven con desagrado.
Y era tan cierto, como el hecho de estar sentada en el cómodo y lujoso sillón del camarote que funcionaba como oficina en ese momento.
No había tenido elección, si la hubiese tenido, ella estaría muy lejos de aquí.
—Gracias, Diego, ahora déjame hablar a solas con mi esposa —ordenó Arturo.
«Espo