Capítulo 34

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

Don Pablo Strondda

—Ven. Te voy a ayudar a vestirte —dijo mientras extendía la toalla delante de mí y apartaba la cara hacia un lado, con la intención de no mirarme, y eso me hizo gracia, así que sonreí de reojo.

No entiendo su ingenuidad; está claro que tarde o temprano me va a ver desnudo, y a mí no me importa, incluso prefiero que así sea, pero ella insiste en esconderse y no mirar. ¿Cómo me va a ayudar a ponerme los calzoncillos? Eso sí que quiero verlo.

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