Capítulo 4Camila FernándezMaldita sea. No oigo nada. He entendido que alguien va a morir, pero no lo tengo claro. Estoy pegada a la puerta, pero son palabras confusas, mezcladas con otro idioma, que me parece italiano.De repente, empujan la puerta y casi me caigo al suelo por el impacto. Era Hélio otra vez.—Ven, Don quiere verte—, dijo él.—No quiero saber nada de ningún Don... quiero irme a casa—, dije, pero me callé al ver que ahora había muchos hombres en esa sala, y me dio un poco de miedo la situación.Uno de ellos apuntaba con un arma a la cabeza del hombre, que decían que era mi padre, y al verme, el arma se dirigió hacia mí. Empezó a pasarme el arma por la cara, como si nada, y llegué a sentir que se me doblaban las piernas ante aquella situación tan horrible.El hombre me pasó el arma por todo el cuerpo, como si me estuviera conociendo, o tal vez, analizando, mirándome fijamente y devorándome con los ojos, como se suele decir.Por lo que entendí, está exigiendo una novi
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