Devon
Estaba demasiado delgada, demasiado pálida, demasiado ojerosa. La luz blanca del hospital no hacía más que acentuar cada sombra bajo sus ojos, cada línea de cansancio que le surcaba el rostro. Supe, en cuanto la vi, que no estaba bien. No era solo el agotamiento; había algo más profundo, algo que parecía haberle drenado la fuerza desde adentro.
—Devon —dijo en cuanto me acerqué.
Su voz era apenas un hilo, pero cuando me abrazó lo hizo con una intensidad que me desarmó. Me abrazó fuerte, c