Anjur
No había podido dormir en toda la noche.
Cada vez que cerraba los ojos, veía lo mismo: la puerta de mi casa golpeada por la policía, los oficiales entrando con pasos pesados, sin preguntas esta vez, sin cortesías. Me esposaban sin decir una palabra, y cuando intentaba explicar, balbucear alguna defensa, lo único que escuchaba era la voz del agente joven leyéndome mis derechos como si los recitara de memoria. Afuera, los vecinos me observaban desde las ventanas como si siempre lo hubieran