Devon
Sarah devoró el algodón de azúcar como una tormenta arrasa un campo de trigo. Había algo en sus ojos, en la forma en que me miró cuando acomodé su cabello que... uff, nunca me había sentido así. Nunca nadie había tenido aquel efecto en mí. Ni siquiera estaba seguro de qué era lo que estaba sintiendo, pero tenía certeza de una cosa: no había un lugar en el que quisiera estar en ese momento que no fuera ahí, con ella.
—¡Qué demonios, Devon! —me reprendí a mí mismo—. Es la esposa de tu mejor