Sabía que Devon hablaba en serio. Lo conocía lo suficiente como para saber que lo que acababa de decir le importaba. Aun así, muy en el fondo, guardaba la tonta esperanza de que mostrara una sonrisa, algo que indicara que estaba bromeando.
—¿Rubí? —traté de disimular mi desconcierto—. ¡Vaya! Supongo que se veía venir. Después de todo, ella vive en tu departamento, y bueno, no es precisamente una santa.
—No te atrevas a...
—Lo siento, lo siento —dije rápidamente. Había logrado lo que quería: pro